Artesanía, la increíble perfección

Hermana pequeña del arte, obra lacrada por su propia utilidad, cosa bonita, que nunca bella. En Occidente, la división entre aquello que colgaba de un museo y los objetos desechables parece enquistada e irreconciliable. En Japón, en cambio, las pinturas se plasmaron bien pronto en puertas de papel y se privilegió el trazo caligráfico: ¿no eran aquellas expresiones, en el fondo, piezas a ser dispuestas, empleadas?

No del todo, claro. Sin embargo, las fronteras entre arte y artesanía empezaban a tambalearse. Extendamos la vista hasta los horizontes de la creación artística japonesa… Pero hagámoslo lejos de las vitrinas.

Las imperfectas formas de la cerámica japonesa

Por un lado, la cerámica más genuinamente nipona exhibe su textura rugosa en todo tipo de vasijas, cuencos y bandejas. Por otra parte, la porcelana, que no se creó en Japón hasta principios del siglo XVII, muestra sus níveas y casi transparentes superficies, salpicadas con diseños y esmaltes de una coherencia estética perfecta.

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Venían ambas de la antigua alfarería japonesa, cuyos orígenes se cocieron en los hornos de piedra de la era Jomon, y que encontraron su cúlmen en el estricto paladar de los maestros de la ceremonia del té: Sen no Rikyu (1522-1591) y Furuta Oribe (1544-1615). Todas las escuelas de cerámica japonesa (la de Bizen, la de Mino, la raku) tenían formas que en Europa hubieran sido vistos como desperfectos imposibles de obviar: cráteres, burbujas, restos de cenizas, fisuras o cambios de color.

El lacado tradicional urushi

Una oposición radical con el aspecto vivo, brillante y, sobre todo, liso del arte de la laca japonesa o urushi. La técnica, consistente en aplicar una elegante pintura roja a distintas superficies, encuentra sus albores en la China, en objetos que tenían doble función: práctica y simbólica, siempre muy apegados a la tradición budista.

Kimono, vestir el alma de Japón

La historia del kimono (con la traducción absurdamente simple de ki, de “llevar”, mono, de “cosa”) traquetea por las vías de sus usos y significados, ya fueren seculares o sagrados, ceremoniales (en bodas, funerales o festivales) o puramente estéticos.

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Las técnicas de teñido y estampado japonés llegaron a Occidente con el japonismo, pero su valor visual venía siendo sopesado magistralmente por los actores de teatro noh y kabuki desde hacía siglos. Tan intricada como su nomenclatura (hosode, haori, uchikake, furisode…), la ropa tradicional nipona (wafuku) parece destinada al impacto íntimo.

Washi, origami, kakemono: mil pliegues de papel

Tanto en ritos sintoístas como budistas, para la confección de kimonos y futones, en delicados envoltorios, como de orfebrería de celulosa. También en las populares lámparas y linternas, que adornan los establecimientos y hogares. El papel japonés representa la versatilidad y el minimalismo en su máximo esplendor. Mediante técnicas de plegado, se ha convertido en pura matemática gracias al origami, cuya larga historia lo ha llevado hasta los niveles más altos de complejidad.

Sin olvidar, claro, el kakemono, una pintura o caligrafía montada sobre una estructura que actúa de marco decorativo y soporte. Con el arte vertical del kakemono, un universo de complementos: las hakogaki, cajas con información adicional de la obra; rakkan-in o sellos identificativos; extensos rollos de emakimono, que separan las historias épicas ilustradas en viñetas o dankan.

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Espadas japonesas, del metal noble y la forja sagrada

El entorno de los mercenarios nipones (los bushi o samuráis) propició la aparición de un tipo de armaduras que se diferenciaban de las occidentales por su flexibilidad y por su fusión sorprendente del arte de la forja, del lacado y del textil. Al mismo tiempo, la fabricación de sables japoneses (nihonto) tocó el cielo gracias a la dedicación y concentración de los maestros forjadores, quienes trasmutaron el proceso de la doma del fuego en un rito de tintes sintoístas.

En Japón, las distintas partes de las espadas (ya sean de la familia katana, wakizashi o tanto) ocupan un sitio indiscutible en los museos de arte, donde podemos encontrar una especial predilección por los guardamanos tsuba y tosogu. Las más finas armas japonesas pueden llegar a ser consideradas Kokuho o Tesoro Nacional de Japón.

Más allá de las estrellas ninja

El guerrero japonés usa tres tipos de armas, según su rango y necesidades:

  • Armas de la nobleza guerrera: arco (yumi), flechas (ya) y lanza (yari).
  • Armas largas y armas enastadas, de una diversidad prácticamente inabastable: bo, shakujo, torimono sandogu, jo, tanjo, y chigiriki.
  • Armas cortas: jutte, marohoshi, tessen, gunbai, yawara, kusari, kama, kusarigama, ono, shuriken, shaken…
  • Armas de fuego autóctonas, como la tanegashima-teppo.
Wakizashi

Pequeños objetos japoneses

Netsuke, talla en miniatura

Gracias a lo reducido de su tamaño y a su facilidad de traslado, los netsuke fueron, junto con los grabados ukiyo-e, de los primeros souvenirs que se llevaron consigo los occidentales que llegaron a Japón en el siglo XIX. Muy a menudo estas tallas en miniatura son verdaderas esculturas de madera, piedra o marfil, con un valor que va más allá de su uso original, que no era más que fijar los cordones con los que se suspendían los inro del cinto de un kimono.

Instrumentos tradicionales de Japón

También sobrepasaron su funcionalidad original y convirtiéronse en deleites estéticos consagrados, todos aquellos instrumentos musicales tradicionales (de percusión, de viento y de cuerda) que marcaron el nacimiento y la historia de la gagaku, o música cortesana de Japón.

Juegos y juguetes japoneses, de los orígenes al mañana

Antes de la primera PlayStation, incluso antes de la Super Nintendo, una caja podía contener un taketombo (los bambú-cópteros, que por unos instantes se suspendían en el aire y nos prometían seguir ahí), unas beigoma (peonzas japonesas), algunas cartas hanafuda (protagonistas de recreos infinitos) o un popular kendama, aquel “martillo de habilidad” que reta a meter una bola en la copa de su extremo.

¿Qué hay de aquellos juguetes en el modernísimo Japón de la robótica y las consolas? Hay quienes se preguntan por la salud de los kami del disfrute infantil: no hay que preocuparse por ellos, jugar sobrevive a cualquier tiempo.

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Descubre Japón | Cultura: bajo el influjo de la estética

VOLUMEN VI: ARTESANÍA, LA INCREÍBLE PERFECCIÓN

Este texto pretende ser solamente una brevísima introducción, una puerta de entrada al vasto universo del objeto japonés como experiencia estética. Ya sean en el ámbito del textil, de la cerámica, de la forja, del plegado de papel o, incluso, de la juguetería, hay tantísimos pequeños amuletos por desentrañar. Para descubrir más sobre la artesanía nipona, te recomiendo comprar el volumen VI de Japón, el archipiélago de la cultura. En Amazon, lo encontrarás al mejor precio.

La novena parte de nuestro acercamiento enciclopédico se dedica exclusivamente a trabajar la premisa, radical y arriesgada, de que el arte japonés es pura forma, continente igual a contenido. Primero, desde la cerámica y el lacado, que Javier Vives y Antonio Clemente analizan en sendas aportaciones como tradiciones basadas de raíz en una fabricación tan improbable como finalmente cercana a lo humano, casi íntima al contacto.

La textura y porte de un elegante kimono y el carácter único de una sencilla carta, o grulla de papel, serán los siguientes objetos de nuestro análisis, en este caso bajo la minuciosa mirada de Noni Lazaga. Siguiendo con el trabajo sobre el papel, aprenderemos más sobre las bases del origami y del kakemono (los rollos colgados) gracias a Luis Fernando Giménez-Marco y a Kumiko Fujimura, respectivamente.

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El arte de la guerra también era pura forma, gesto operístico en sus galas e instrumentación, que Marcos Sala desmenuzará a través del estudio de la fabricación de sables, armaduras (yoroi) y todas aquellas otras armas de la nobleza que pasan habitualmente desapercibidas ante la mirada estereotipada del visitante occidental.

Dos últimos centros gravitacionales para nuestro homenaje sensorial del enser nipón: por un lado, los instrumentos musicales tradicionales más variopintos (los expone la mirada magistral de Eduard Terrades), que tienen aquí el taiko como portavoz privilegiado (lo estudiamos en el texto de Mieko Ono).

Por otra parte, cuatro apuntes sobre el desconocido mundo del arte de la talla en miniatura o netsuke, por Antonio Clemente, y una reflexión de Mercè Torra alrededor de los cambios y pervivencias que ha habido bajo el concepto de juego y juguete en la historia y cosmología japonesas. Deseamos que, con la ayuda de estas manos expertas, Japón nos quede un poco menos lejano.

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